La comida nos llama a través de la nariz, de la boja, de los ojos e inclusive a través de las emociones. Conocer cuál es el tipo de hambre que tenemos, nos puede ayudar a mejorar el autocontrol.
El tipo de hambre más común es el de tipo fisiológico, es decir, aquel que deviene luego de varias horas de estar sin comer o el que aparecemos cuando salteamos algún tipo de comida. Pero este no es el único tipo de hambre…
Hambre de tipo visual
El hambre visual es aquella que nos manda a comer aquella torta que tenemos enfrente o aquellos sándwiches que están en la vidriera.
Frente a estas situaciones, lo que hay que hacer es analizar si nos tentamos a comer por ver algo rico y llamativo o si realmente tenemos hambre fisiológica. Hay que intentar desviarse de la comida, alejarse, mirar para otro lado o seguir caminando pensando en otra cosa.
El hambre de tipo emocional
Muchas veces comemos por distintos estados de ánimo, como por ejemplo, alegría, depresión, ansiedad, tristeza, etc. Lo que tenemos que tener siempre presente es que el hambre no debería llenar huecos emocionales.
Frente a estas situaciones lo ideal es llevar un registro y anotar: qué comimos, por qué lo comimos, cómo nos sentimos antes y después de comer.
No es que haya que dejar de comer, pero podemos poner a prueba algunas alternativas como colocar en nuestros platos una porción chica, comer lentamente, es decir… Si nos vamos a dar un gusto, que sea consciente, disfrutándolo.
El hambre de tipo estomacal
Muchas veces nuestro estómago hace ruido, habla por nosotros. Para no llegar a estas situaciones, lo ideal es hacer seis comidas diarias.
Al igual que en el caso anterior, conviene llevar un registro y anotar: las sensaciones de nuestro estómago, los horarios, cuánto tiempo pasa entre ingesta e ingesta, etc.
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