Tuesday, May 5, 2015

Las grasas trans

solemos asociar inmediatamente a algo perjudicial para nuestra salud. Sin embargo, no debemos erradicarlas totalmente de nuestra dieta.
Necesitamos consumir de los distintos tipos de grasas en diferentes proporciones.

Sobre todo, necesitamos grasas monoinsaturadas (aceite de oliva, aguacate, algunos frutos secos), seguidas de las poliinsaturadas (pescados azules, nueces y otros frutos secos) y de las saturadas (alimentos de origen animal así como el aceite de palma y de coco).

Por último están las grasas trans que, aunque se encuentran de forma natural en carnes y lácteos, se suelen añadir de forma artificial a cantidad de alimentos como la bollería, las galletas, las masas precocinadas (croquetas, empanadillas, etc.), así como algunas margarinas para mejorar su textura y/o sabor o facilitar su conservación.

Está comprobado que las grasas trans suben el colesterol malo (LDL) y disminuyen el bueno (HDL) y su ingesta puede llegar a ser excesivamente elevada si no revisamos el etiquetado de los alimentos (hay que evitar aquellos en los que aparece entre los ingredientes la denominación “grasas/aceites parcialmente hidrogenados”.

Según la consulta de expertos sobre grasas y ácidos grasos en nutrición humana publicada por la FAO en 2012, actualmente se recomienda que las grasas trans no superen el 1% del aporte calórico diario total, aunque en el mismo infome la FAO indica que dicha recomendación está pendiente de revisión con el objetivo de reducir la ingesta de este tipo de grasas que afectan a la salud.


No comments:

Post a Comment